La lección de la supermodelo Karlie Kloss para las mujeres jóvenes: ¡Nunca tengan miedo de hacer preguntas!

La conductora de Project Runway tiene Kode With Klossy, una escuela de programación para inspirar una generación de mujeres amantes de la tecnología. Pero dice que su misión real es mucho más amplia.
La lección de la supermodelo Karlie Kloss para las mujeres jóvenes: ¡Nunca tengan miedo de hacer preguntas!
Crédito: Jake Chessum
Entrepreneur Staff
Deputy Editor
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La vista desde el piso 34 de este edificio del centro de Manhattan es impresionante. Fuera de estas ventanas de techo a piso hay un día soleado. Pero a las 24 chicas que están ocupando este espacio parece no importarles, tienen las narices metidas en sus MacBooks mientras un soundtrack de Disney las acompaña. Hay trabajo por hacer: son beneficiarias del taller de programación Kode With Klossy, y su tarea de hoy es diseñar y programar una galería fotográfica digital.

Están tan concentradas en la tarea que ni siquiera se dan cuenta cuando la famosísima creadora del programa entra a la oficina.

“¡Hola, chicas!”, las saluda la supermodelo, conductora de Project Runway y entusiasta de la programación Karlie Kloss. Las chicas parecen demasiado en shock como para reaccionar. Sus ojos se abren y se miran entre sí, asintiendo con entusiasmo. Pero antes de que puedan hacer algo al respecto, Kloss, de 27 años, está revisando su trabajo, agachándose para quedar al nivel de las estudiantes y sus pantallas (la modelo es altísima). Durante los siguientes 90 minutos les hace preguntas sobre el código y sus planes para el futuro, aunque en ocasiones la plática se desvía un poco hacia Harry Potter y las galletas de chocolate.

Si hay algo irreal en esta habitación, se ve aún más irreal si estás afuera. Kode With Klossy es un programa que opera en 16 ciudades de Estados Unidos y este año le ofreció a casi 1,000 mujeres la oportunidad de aprender a programar de manera gratuita. Esto ha atraído una cantidad importante de apoyo, aunque también hay algo de escepticismo. Después de todo, se supone que las súpermodelos no saben programar.

Kloss lo ha escuchado antes, y tiene una excelente respuesta para esto: “Hay muchas suposiciones sobre ser modelo y la forma en la que se correlaciona con tu intelecto” dice. “Sí, soy modelo, sí, soy mujer, y sí, me interesan estos temas. Y creo que muchas jóvenes están interesadas en esto y que también merecen la oportunidad de aprender y decidir por ellas mismas si les gusta o no”.

Karlie es muy cuidadosa de nunca decir que es experta en el mundo de la computación. Ella es una entusiasta de esto. Puede programar, sí, pero se considera a sí misma una estudiante eterna del oficio, y una persona que no se define por las expectativas de los demás. Y espera que sea justo esa la sensibilidad con la que sus estudiantes salgan del programa. Más allá de lograr cualquier nivel o experiencia programando, quiere que las asistentes aprendan el poder de la curiosidad y de las ganas de hacer preguntas. Ella dice deberle su carrera a este instinto, y seguirá usándolo conforme evolucione su vida profesional.

Mientras Kloss camina alrededor del espacio, una joven programadora alaba a los instructores, pero se disculpa demasiadas veces por hacer preguntas. Kloss se dirige a ella de manera enfática: “¡No! No te disculpes. Para eso están aquí. Siempre deberías hacer preguntas”.

Imagen: Jake Chessum

Karlie creció en St. Louis con su mamá, su papá y tres hermanas. A los 13 años participó en un evento de moda local y fue ‘descubierta’ como dicen en el medio. A los 15 ya estaba caminando la pasarela para Calvin Klein. En los años siguientes, Kloss se convirtió en una de las caras favoritas de la moda, sumando incontables pasarelas y portada de revista. (Hasta hoy, ha salido 40 veces en varias ediciones de Vogue).

Pero para 2014 quería algo más. “Tenía 21, y ya era un tanto veterana en el mundo de la moda (ahí son como años perro) y ya no sentía que hubiera retos en mi camino. Estaba tan asombrada por lo que estaba pasando en el mundo de la tecnología pero también un poco frustrada de no entenderlo. ¿Por qué hay personas que saben cómo hacer crecer ideas y negocios y resolver problemas? ¿Por qué ciertas personas, principalmente hombres, y principalmente hombres altamente intelectuales, o por lo menos hombres que se perciben como súper inteligentes, están al tanto de cosas que el resto del mundo ignora?” dice. 

Para responderse esas preguntas, se inscribió a un boot Camp de programación de dos semanas en la Flatiron School de Nueva York. Kloss quedó cautivada por la experiencia. “La forma en la que yo aprendí a programar se podía aplicar de verdad al mundo real” dice. “Ser capaz de entender cómo construir bloques de ¿tecnología? Te prende la luz. Me prendió muchísimas luces”.

Durante los siguientes meses siguió estudiando. Formó una amistad con el cofundador de la Flatiron School, Avi Flombaum, quien la ayudó en el camino. Y conforme fue siendo mejor en los códigos y la programación, empezó a pensar en cuántas mujeres más podrían beneficiarse de una experiencia similar, una que les cambiara su perspectiva.

“En redes sociales tenía una gran audiencia de jóvenes poniéndole atención a mi carrera, y quería conectarlas con oportunidades que pudieran abrir realmente sus mentes y abrir puertas en sus vidas” dice. “Poder guiar a alguien en una dirección valiosa para esa persona no sólo es una responsabilidad, es un privilegio”.

Pero, ¿cómo hacerlo? Kloss decidió iniciar con lo que conocía. El verano después de aprender a programar, se asoció con la Flatiron School para ofrecer 21 becas. Publicó la oportunidad en sus redes sociales y se sorprendió con la respuesta. Llegaron cientos de candidatas.

Esto la llevó a pensar en lo que tenía que hacer para llegar a más mujeres. Parecía que el primer paso era construir algo ella misma, algo que eventualmente pudiera crecer a nivel nacional. “No tenía idea de cómo hacerlo, ni siquiera tenía la intención de construir una organización sin fines de lucro ni nada por el estilo. No sabía lo que estaba haciendo”.

Pero tampoco sabía cómo programar hasta que se metió a la escuela. “Se trata de irlo descifrando en el camino” dice.

Imagen: Jake Chessum

Kloss dice de su programa que es “mis noches, mis fines de semana, mi trabajo de día, mi bebé”. Pero al inicio no era nada más que un rompecabezas. No tenía experiencia alguna, pero sí tenía una red de conocidos envidiable. Puede decir que Diane von Furstenberg y Anna Wintour fueron sus mentoras, y tiene relaciones de mucho tiempo con marcas como Adidas y Carolina Herrera. Así que hizo un par de llamadas y consiguió la dirección que necesitaba.

“Como en cualquier negocio, lo importante es enfocarte en un área que entiendas y conforme vas creciendo vas identificando quién está ahí afuera haciendo las cosas bien, y te las ingenias para asociarte para lograr tus objetivos de mejor manera”.

Ese fue su enfoque. Ella tenía una visión, ahora lo que necesitaba era unir los elementos correctos. Formó un equipo de lo que se convertiría en su nómina de tiempo completo con cinco personas, y al inicio simplemente expandieron su alianza con la Flatiron School. En 2016, Kode With Klossy apareció como una organización sin fines de lucro que ofrecía programas de dos semanas para niñas entre 13 y 18 años en Nueva York, St. Louis y Los Ángeles. En 2017 el programa se expandió a 11 ciudades más. Para 2019 ya tiene 16 lugares.

Conforme Kloss y su pequeño equipo han ido sumando más y más logística y operaciones, han ido requiriendo de socios adicionales. La escuela Turing de software y diseño les ayuda a hacer el curriculum técnico. Teach for America también se les unió, aportando de su red de maestros a los que Kode With Klossy les enseña a programar y luego aprenden a enseñar a programar.

Los estudiantes aplican para un lugar gratuito y muy concurrido en el programa que intenta seleccionar a los estudiantes que, de otra forma, no tendrían acceso a este tipo de oportunidades. Las chicas aceptadas pasan dos semanas aprendiendo a programar, asistiendo a talleres de temas como caminos profesionales y finanzas, y construyendo varios proyectos hasta que llega el “Demo Day” en el que presentan sus sitios web terminados o sus apps a sus profesores, compañeros y familia. De ahí han salido ideas como una app para conectar estudiantes con tutores y otra para ayudar a los usuarios a ubicar baños públicos sin género.

Conforme se han ido engrasando los fierros del programa, Kloss ha echado mano de su red de contactos para robustecer la oferta de cada curso.

Por ejemplo, este verano se las ingenió, siendo la embajadora e imagen de Estée Lauder (maquillaje), para que las ingenieras de este gigante platicaran con sus estudiantes, e hicieron un ejercicio que les permitió explorar el back-end de una nueva campaña digital para la empresa. Esta alianza ofreció programas de becarios en Estée Lauder para dos alumnas de Kode With Klossy.

Kloss también se asoció con Away, la startup de viajes en la que invirtió. (Su portafolio de inversiones incluye Lola, que hace productos femeninos, y SkinTe, un té infucionado con colágeno, ambas empresas de mujeres). En 2018, Away lanzó una colección exclusiva de equipaje en nuevos colores, diseñada en colaboración con Kode With Klossy. Las ventas eran en beneficio de esta organización.

Kloss no puede visitar todos los campus, al principio lo intentó, pero era imposible. Así que cuando puede aparece en los que puede y se asegura de hacer FaceTime con los demás. Así ha podido platicar con las chicas que están inscritas y se ha dado cuenta de que su programa está ofreciendo algo de lo que ella careció cuando era niña.

“Quería ser maestra o doctora, porque era lo que veía: mi papá era doctor en urgencias y tenía maestros increíbles en mi escuela pública que me ayudaron a amar la educación. Pero esos eran los únicos caminos que veía. Así que, por ejemplo, ahora tenemos una chica que es una artista talentosa y cuando me dice que quiere diseñar le digo ‘Sí, es una gran forma de poner en práctica tu dos pasiones”.

Para Kloss, así como para sus estudiantes, estos cursos para aprender a programar se han convertido en portales hacia un mundo mucho más grande. Para la súpermodelo fue poder crear algo ella sola. Y sus estudiantes están al inicio de un camino que puede llevarlas a cualquier lugar.

Imagen: Kode with Klossy

En primavera de 2017, Valeria Torres-Olivares estaba terminando la prepa en Princeton, N.J. Había tomado un par de clases de computación y amó lo que aprendió, pero encontró que la experiencia había sido solitaria.

“Era una de las pocas chicas en mi salón, y era la única latina en cualquier clase de computación en mi escuela” dice. “Casi me sentía descalificada para hacer preguntas, como si dependiera de mi encontrar las respuestas. Esto te puede llevar por un espiral de dudas enormes”.

Así que decidió aplicar al programa y motivó a Kyara, su hermana pequeña de 13 años, a hacer lo mismo. (“Quería exponerla a la programación, pero en un ambiente diferente” dice). Juntas grabaron un video de aplicación y fueron aceptadas. Esto cambió todo para ellas.

“Nunca antes había estado en un ambiente de tecnología en el que sólo hubiera mujeres, y me había esperado una vibra de competencia entre nosotras” admite. “Pero ha sido uno de los mejores ambientes estudiantiles en los que he estado. Mi hermana y yo nos enamoramos de lo colaborativo que fue. Nadie tenía miedo de hacer preguntas o de que nuestras preguntas fueran tachadas de ‘tontas’”.

A partir de ahí, Torres-Olivares se metió de lleno. Pasó los siguientes dos veranos en Kode With Klossy, una vez más como estudiante y otra como asistente, un puesto pagado. E igual que Kloss, inmediatamente supo que quería compartir su conocimiento.

Junto a su hermana pequeña, se acercaron a una biblioteca local y se ofrecieron a dar clases gratuitas de programación para niños. Esto fue el inicio de una nueva organización, Code Equal, que lanzó en Princeton en 2017. Desde entonces ha ofrecido cursos a más de 200 estudiantes y ha tenido talleres en las universidades Fordham y Rutgers. Este año, Code Equal dará clases en Detroit y Omaha.

“Kode With Klossy tiene una gran red de estudiantes y maestros, y tenemos chats masivos en los que la gente siempre está apoyando a los demás” dice Torres-Olivares, quien ahora está en su último año en la Universidad de Princeton, donde estudia computación y tiene planes de crear una maestría personalizada que una el arte de la programación con las políticas públicas. “Es gracias a eso que hemos podido expandir nuestra misión”.

Para Kloss, son éstas las historias que demuestran el éxito de su organización, no porque haya estudiantes que estén comprometidas con la programación, sino porque están eligiendo su propio camino. Lo que quiere a continuación es dedicar más recursos a empoderar esa red de alumnas, y tiene el ojo puesto en ofrecer clases para chicas de menos de 13 y de más de 18.

“En el gran panorama de las cosas, Kode With Klossy sólo es un programa de dos semanas, pero nuestras estudiantes se lo llevan a casa y siguen viviéndolo. Estamos en un punto en el que esta organización sólo ha visto la punta del iceberg y es momento de ver lo que está funcionando, innovar y crecer. Pero el simple hecho de ver el impacto en una sola persona, eso es mucho más grande de lo que yo había imaginado” dice Kloss.
 

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