Emprendedores

5 lecciones de fábulas para emprendedores

Estos relatos breves enseñan a los dueños de negocios a ser perseverantes, trabajar duro, tener los pies en la tierra y cumplir su palabra.
5 lecciones de fábulas para emprendedores
Crédito: Depositphotos.com
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Cuando éramos niños, obtuvimos muchos aprendizajes de la vida por medio de fábulas. Pero estos relatos cortos (y milenarios) con animales o cosas como protagonistas también dan lecciones a los adultos, en particular a los emprendedores. Aquí te compartimos las de cinco conocidas fábulas:

1. El león y el ratón

Dormía un león cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y lo atrapó. A punto de ser devorado, el ratón le pidió que le perdonara, prometiéndole pagarle en el futuro. El león echó a reír y lo dejó marchar. Días después, unos cazadores apresaron al rey de la selva y lo ataron con una cuerda. Al oír el ratón los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre. “Días atrás” - le dijo -, “te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos”.

Lección: Nunca menosprecies tu tamaño ni el de los demás. Es probable que como emprendedor, sientas que eres pequeño a comparación de las grandes compañías, y que nada puedes hacer para competir contra ellas u ofrecerles valor. La clave está en satisfacer las necesidades de un mercado y aprovechar las oportunidades para poco a poco ganar tracción. Conócete y descubre qué es lo que puedes hacer por los demás.

Asimismo, nunca menosprecies a alguien por su tamaño, posición o condición. En tu empresa considera las opiniones de tus colaboradores, sin importar su área o cargo, ya que nunca sabes de dónde puede venir tu siguiente gran idea; tampoco juzgues a alguien por su condición o nombre, la persona que menos esperas puede convertirse en tu siguiente gran cliente o socio. Y por último: siempre cumple tu palabra.

2. La zorra y las uvas

Una zorra que tenía mucha hambre, al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca. Como no pudo alcanzarlos, se alejó diciéndose: ¡Ni me agradan, están tan verdes...!

Lección: No culpes a los demás (o la situación) de lo que no puedes lograr. Éste es un mal muy común en los managers terribles y en los directivos poco efectivos: Culpar a su equipo por la falta de resultados para evitar salir dañado. Lo cierto es que los resultados de tus colaboradores son resultado de tus habilidades directivas; así que acepta tu responsabilidad y convierte esas uvas en tu siguiente meta.

También, esta fábula puede aplicar a los emprendedores que buscan “excusas” y razones de sus fracasos. Si tu negocio no consigue despegar y fracasas, nunca digas que en realidad no te interesaba o que el mercado no estaba preparado o que los inversionistas no cumplieron. Si alcanzas las deliciosas uvas es únicamente porque te esforzaste en hacerlo, invirtiendo tiempo y dinero en tus estrategias; al final, todo dependerá de ti.

3. La liebre y la tortuga

Una vez, una liebre, se burlaba de las patas cortas y de la lentitud de una tortuga. Ésta dijo a la liebre: "Puede que seas muy veloz, pero estoy segura de poderte ganar una carrera”. Sorprendida, la liebre aceptó el reto. Llegó el día de la carrera y mientras la tortuga no dejaba de caminar aunque a paso lento, la liebre corrió rápidamente y al ver seguro su triunfo decidió echarse una siesta. Poco después, la liebre despertó y vio a la tortuga llegar a la meta y ganar.

Lección: La carrera del emprendedor es una maratón, no una prueba de velocidad. No existen atajos ni fórmulas mágicas para llegar a la meta; sólo aquel perseverante y trabajador es el que consigue triunfar en el mundo de los negocios. No intentes saltarte etapas ni buscar el éxito fácil; la única receta es el trabajo duro. Y además: nunca te duermas en tus laureles. No sabes cuándo un competidor, por más chico que parezca, pueda superarte y ganar a los consumidores.

4. La cigarra y la hormiga

Llegó el verano y una hormiga recogía con afán granos para guardarlos y alimentarse durante el invierno. La cigarra, que pasaba el día cantando, se sorprendió de ver a la hormiga trabajar tan arduamente en época en que los animales se entregaban a la diversión. Cuando llegó el invierno, la cigarra estuvo hambrienta y fue a pedirle a la hormiga unos cuantos granos. La hormiga le dijo: “Si hubieras trabajado en el momento oportuno, hoy no tendrías escasez de alimento. Ahora canta, mientras yo como”.

Lección: Planea, anticípate y organízate. Nunca permitas que el ocio se inserte en tu vida y dejar para mañana lo que puedes hacer hoy. Aprende a ser un emprendedor eficiente que tiene anticipados cómo serán los meses “flojos” y cómo serán los “ocupados”. Distribuye tu carga laboral diaria de manera que no desperdicies el tiempo hoy para arrepentirte mañana. Sólo la autodisciplina te permitirá crear hábitos positivos que te conviertan en una persona productiva y de alto desempeño. Además, de esta manera podrás disminuir el estrés y equilibrar mejor tu vida personal y profesional.

5. La lechera

Una lechera llevaba en la cabeza un cubo de leche recién ordeñada y caminaba soñando despierta. Pensaba: “Esta leche dará mucha nata, la cual batiré hasta convertirla en una mantequilla que me pagarán muy bien en el mercado. Con el dinero me compraré un canasto de huevos y pronto tendré pollitos. Cuando crezcan los venderé a buen precio, y con el dinero me compraré un vestido nuevo. Me lo pondré el día de la fiesta mayor, y el hijo del molinero querrá bailar conmigo. Pero no voy a decirle que sí a la primera. Esperaré a que me lo pida varias veces y, al principio, le diré que no con la cabeza”. La lechera comenzó a menear la cabeza para decir que no, y entonces el cubo de leche cayó al suelo y la lechera se quedó con nada.

Lección: No esperes a tener para actuar. Muchas veces, los emprendedores “pecan” por soñadores; es decir, se imaginan todo lo que podrán hacer… una vez que tengan dinero, una vez que se posicionen en el mercado, cuando consigan a sus primeros cien clientes, cuando le ganen a la competencia, el día que levanten capital, etcétera. No te dejes caer en estas ilusiones y esperar a que tengas lo que soñaste para actuar. Un verdadero emprendedor sueña, pero tiene los pies en la tierra, y sabe que para lograr lo que siempre ha querido tiene que actuar… ahora.