Estas dos emprendedoras quieren que empieces tu inversión en arte con piezas desde 2,200 pesos

Adriana Méndez y Paulina Gil están democratizando la compra de arte a través de la plataforma Artífice, que ofrece 300 piezas de 60 artistas con precios que van desde los 2,200 hasta los 130,000 pesos. Además buscan formar nuevos coleccionistas.
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Convertirse en coleccionista de arte ha dejado de ser exclusivo para millonarios, hoy es posible comprar obras de gran valor a costos que oscilan entre 2,200 y 130,000 pesos, gracias a Adriana Méndez y Paulina Gil, fundadoras de Artífice, una plataforma que conecta artistas con compradores que buscan algo más que una pieza decorativa.

Estas dos emprendedoras son amigas desde hace 10 años, ambas abogadas de profesión y acostumbradas a una vida corporativa con un sueldo fijo. En 2016 tomaron la decisión de abandonar esa seguridad económica para materializar su gusto por el arte; entre otras cosas porque los horarios corporativos limitaban sus intenciones de ser madres.

Así nació Artífice, una plataforma multicanal cuya intención es competir con las 279 galerías de arte registradas en la Ciudad de México de acuerdo al Sistema de Información Cultural SIC México que en su mayoría  venden obras a costos no menores de 20,000 dólares (más de 360,000 pesos).

“Notamos que hay muchas barreras en el arte, la mayoría de las galerías son exclusivas, para clientes muy específicos y con precios inalcanzables. Además existe un mercado con ganas de empezar a coleccionar arte y nosotros queremos cubrir esta necesidad”, advierte Adriana.

La falta de conocimiento es uno de los principales factores por los que la gente no invierte en arte, ya que este mercado a nivel global ha tenido un crecimiento del 13% constante desde el 2000, de acuerdo con el informe The Global Art Market del banco estadounidense Citi. Y en los últimos 10 años las obras de artistas contemporáneos han conseguido una rentabilidad anual media de 12.4% para los inversionistas, señala la firma consultora Art Market Research.

Algo que Paulina y Adriana tenían claro desde el inicio era que, para que el negocio de la venta de arte fuera rentable, debían garantizar la calidad y sólo ofrecer piezas de artistas principalmente jóvenes, con alto potencial de crecimiento en la valuación de su obra; por ello, las emprendedoras buscaron curadores expertos y reconocidos en el mundo del arte, con quienes formaron un Consejo de Administración, integrado por Bárbara Perea, Yvonne Domenge, Patricio Rodríguez Chapa, Amanda Echeverría y Rodrigo Ortiz Monasterio.  

Entre los requisitos para pertenecer a la comunidad de artistas de Artífice, está la formación profesional, ser mexicano o vivir en México, así como haber participado en exposiciones individuales o colectivas, haber ganado una beca o premios y reconocimientos, además de un estilo definido plasmado en toda su obra.

Diversifica tus canales

Una vez identificada la problemática que iban a atacar, el primer paso para la materialización del negocio fue la creación de un sitio web con la intención de vender sólo de forma online. Sin embargo, notaron que sus clientes potenciales: profesionistas entre 30 y 40 años, no se sentían cómodos al comprar sin antes ver la obra, así que modificaron su plan inicial y ampliaron sus canales de venta.

El modelo de negocios de la empresa consiste en un esquema de consignación, que les permite subir a la plataforma un mayor número de artistas sin absorber el costo de la obra. Una vez que se vende la pieza, Artífice cobra una comisión al artista entre el 40% y 50% del monto para cubrir gastos fijos como renta de un show room y mantenimiento del sitio web; y gastos variables, como visitas al cliente para mostrar la obra, seguimiento del artista o asesorías personalizadas en casa para elegir arte. El comprador sólo cubre los gastos de enmarcado y montaje, así como el envío, en caso de vivir fuera de la Ciudad de México.

Artifice tiene varios canales de venta. El primero es un show room ubicado en la colonia Condesa de la Ciudad de México en donde los clientes pueden ir a ver las piezas. El segundo es las exposiciones en todo el país con la intención de descentralizar la oferta y llevar las obras a otros rincones. Y el tercero son las mesas de regalo, en las que los novios eligen de dos a tres piezas y los invitados colaboran depositando un monto libre para contribuir a su compra.

Con esta diversificación de canales, Artífice vendió en su primer año cerca de 200 piezas y durante el segundo y tercer año su crecimiento fue del 10%. A pesar de tener obras desde 2,200 pesos, el ticket promedio que sus clientes gastan por obra es de aproximadamente 20,000 pesos.

Una de las principales lecciones que han aprendido es a no aferrarse a la idea inicial del negocio y tener capacidad de adaptación. “Con tu idea puedes pensar que descubriste el hilo negro, pero en el camino debes escuchar a tu cliente sobre qué necesita y cómo quiere comprarlo”, dice Paulina.

Por esta razón, recomienda buscar asesores externos al negocio, que te digan si estás equivocado o si necesitas cambiar alguna estrategia que no esté funcionando. Por ello, decidieron crear el Consejo de Administración.

Al día de hoy, cuentan con 300 piezas en venta de aproximadamente 60 artistas, distribuidos equitativamente entre hombres y mujeres. Aunque, en la industria del arte, la mayoría de los expositores en las galerías son hombres con un 80% contra el 20% de obras creadas por mujeres, de acuerdo con las emprendedoras. Lo que buscan en Artífice es que exista una oferta igualitaria porque “en algunos compradores todavía existe el prejuicio de que si la obra es de un artista hombre seguro vale más”, explica Adriana.

Para Paulina y Adriana el trato en la industria ha sido amable. Aunque, han notado que, en la mayoría de los casos, quien decide la compra es un hombre, a pesar de que la labor de venta se hizo con una mujer. De esta forma, ven el reto de hacer una industria más equitativa en las dos partes de la ecuación: coleccionistas (compradores) y artistas (vendedores).

Con tres años de operaciones, Artífice tiene una recurrencia de compra del 28%, que se debe en gran parte al seguimiento con información sobre el artista en el que se invirtió, “para mostrarles qué están haciendo y se sientan parte de su crecimiento”. Además, cuentan con un programa de lealtad que consiste en descuentos y la muestra previa o exclusiva de obras nuevas.

“Con tu idea puedes pensar que descubriste el hilo negro, pero en el camino debes escuchar a tu cliente sobre qué necesita y cómo quiere comprarlo.” Paulina Gil, Cofundadora de Artífice / Imagen: Shutterstock.

Formar coleccionistas

El valor agregado de la empresa consiste en ofrecer un servicio integral, “en México, al cliente le gusta que lo acompañes durante todo el proceso, desde la asesoría para elegir una pieza hasta la entrega, el montaje y enmarcado”, afirma Paulina. Si bien, tan sólo en la Ciudad de México, existen más de 200 galerías, “falta mucho servicio al cliente”, y es aquí donde quieren diferenciarse del resto.

Por ello, generar confianza es parte clave para cerrar ventas. “Incluso ofrecer devoluciones sin costo, aceptar todas las formas de pago, y darle respuesta a todas sus necesidades para que sientan mayor tranquilidad”, agrega.

De acuerdo con las emprendedoras, uno de los retos es lograr que la gente entienda que invertir en arte es un buen negocio. En muchos casos, “las personas sólo buscan una pieza decorativa y no se interesan por conocer más de la trayectoria o estilo del artista, elementos importantes que le dan valor al arte y ayudan a entender porqué es una inversión a futuro. A veces es difícil competir con las piezas de los centros comerciales”.

La puerta de entrada para conseguir este objetivo es dar costos accesibles y promover las asesorías personalizadas. Así como la propuesta de visitas al estudio de los artistas, “de esta forma, conocen y entienden un poco más sobre ellos”.

Entre sus planes de crecimiento, está aumentar su ticket promedio por obra a 30,000 pesos y un crecimiento del 30% para 2019. Algunos de sus planes son agregar otro canal de ventas como el trabajo con despachos de decoración y arquitectura, así como expandirse a nivel nacional.

Hoy, “nuestro trabajo se concentra en la Ciudad de México, pero aquí hay una sobre demanda de arte, en estados como Chihuahua, Querétaro, Nuevo León, por ejemplo, hay potencial para nuevos coleccionistas”, comenta Adriana.

Una de sus estrategias es continuar renovando su catálogo con dos artistas nuevos al mes, el estilo general es arte contemporáneo emergente, con estilo variado, como abstracto, figurativo y escultural.

Democratizar el arte es una labor que ha despertado el interés de muchas organizaciones o artistas. “Ferias de arte contemporáneo como Zona Maco (que en su edición 2019 reunió a más de 60,000 visitantes), son importantes para abrir el panorama a nuevos coleccionistas que buscan tener arte de buena calidad”, opinan las emprendedoras.

En todo México existen 950 galerías de arte, de acuerdo al Sistema de Información Cultural SIC México, Durango el estado con menor oferta, sólo con una galería, y la Ciudad de México, se encuentra en primer lugar con 279, por lo que hay mucho trabajo por hacer aún.

El potencial de crecimiento para el arte mexicano es inagotable, Paulina y Adriana lo saben y quieren aprovechar las ventajas y oportunidades que brinda esta rama de las industrias creativas, mientras contribuyen a formar una nueva generación de coleccionistas de arte.

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