Storytelling Total: el relato de las compañías que sobreviven en el tiempo

Las compañías que destruyen el valor relacional merecen los malos relatos de sus empleados.
Storytelling Total: el relato de las compañías que sobreviven en el tiempo
Crédito: Green Chameleon vía Unsplash

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Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.
  • Hay cuatro tipos de compañías: moribundas, ineficientes, depredadoras y totales.
  • El virus ha sido el detonante de muchas nuevas historias. 
  • Para que tu empresa sea total debe generar valor económico, valor relacional y capacidad de adaptación.

El guionista Robert McKee afirma que los buenos relatos nacen cuando un factor externo (o “detonante”) transforma la vida de un determinado protagonista. La narración, entonces, cuenta la pelea de esa persona para recuperar el equilibrio perdido. Aristóteles definió tres momentos para que todo esto sucediera: el planteamiento, el nudo y el desenlace. Siguiendo esos parámetros, hoy te contaré una primicia y una historia auténticas.

El planteamiento

En Barcelona, una firma de consultoría empresarial tiene una visión particular de las organizaciones. Años de trabajo y observación llevaron a sus integrantes a concluir que la sostenibilidad de un emprendimiento no solo depende del dinero que sea capaz de generar.

Imagen: Scott Graham vía Unsplash

La idea parece chocante. Hasta ahora todo el mundo creía que si una organización perdía dinero durante mucho tiempo terminaría quebrando. Y es cierto. Pero igualmente pensábamos que lo contrario también era cierto, es decir, que mientras tuviera beneficios, sobreviviría pasara lo que pasara. Y no: hay organizaciones rentables que terminan desapareciendo.

Obsesionados con entender el fenómeno, mis amigos de SOLO Consultores investigaron hasta dar con una razón. Identificaron tres variables principales en un ensayo llamado “La Empresa Total y las sometieron a un test empírico ante 238 directivos empresariales con la ayuda de E-Motiva, otra consultora especializada. 

El test validó la idea: la sostenibilidad de una organización depende de tres factores. El primero es el consabido valor económico (es decir, la capacidad de generar ingresos superiores a los costes). El segundo es el valor relacional (es decir, la capacidad de generar relaciones saludables y de cooperación dentro y fuera de la organización). El tercero es la capacidad de adaptación (o sea, la habilidad de la compañía, como sistema, de adaptarse a los cambios que se produzcan en el entorno). 

La suma de valor económico, valor relacional y capacidad de adaptación da como resultado un valor total, que hace que una compañía se convierta en perenne, es decir, en “Total”.  Si una de las tres variables tiende a cero, la organización se arriesga a desaparecer más tarde o temprano, da igual el dinero que gane. 

El virus como detonante

Para muchas empresas de todo el mundo, la irrupción del COVID-19 representará un factor detonante y el inicio (o final) de su actual relato. Sin dar nombres concretos, te voy a contar ejemplos de cosas que ya están sucediendo. 

El primero: seguro que habrás leído ya en la prensa que algunas organizaciones antaño rentables no se están sabiendo adaptar a los cambios planteados por la pandemia: pérdida de clientes, cierre de plantas, colapso en la atención postventa… Casi con seguridad, esas organizaciones no habían cultivado su capacidad para adaptarse a los cambios. Nunca la entrenaron. Y ya sé que nadie podía anticipar el virus, pero una organización habituada a adaptarse tarda mucho menos en encontrar soluciones a los nuevos problemas. El virus amenaza con terminar con organizaciones que ganaban dinero, pero que se habían acomodado en una zona de confort.

El segundo: pronto oirás de algunas organizaciones que sí fueron ágiles y adaptativas y que ya están generando grandes beneficios incluso durante la pandemia. Sin embargo, algunas de ellas se preocupan tanto del dinero, y tan poco de las personas, que la calidad de las relaciones humanas (dentro y fuera de ellas) decaerá. Pronto sus empleados harán mala prensa de esas compañías, se fugarán a otras o se pondrán a hacer huelgas. Si no cambian, esas empresas tan rentables hoy terminarán olvidadas por el mercado.

El nudo

A finales de 2018 mis amigos de SOLO dieron un paso adelante. Lejos de quedarse quietos en su zona de confort inicial, contactaron con otras firmas de su mismo sector, algunas de ellas competidoras directas, y las invitaron a cooperar en algo que todavía no tenía forma. Compartieron su Modelo con ellas y les propusieron trabajar conjuntamente para hacerlo crecer.

Así fue como, con poco más que buena fe e intuición, 25 especialistas en distintas disciplinas empresariales se pusieron de acuerdo en un primer desarrollo: escribir una guía práctica del Modelo de Valor Total. Su propósito era el de crear una herramienta con la que cualquier directivo pudiera orientarse para crear Valor Total en la organización, es decir: una guía para crear a la vez valor económico, valor relacional y capacidad de adaptación.

Imagen: Antenna vía Unsplash

Me dieron la oportunidad de colaborar con ellos en la coordinación editorial del libro (por eso sé de lo que estoy hablando) y, además de los 25 coautores, contamos con colaboraciones de referentes internacionales de la talla de Xavier Marcet, Rafael Andreu, Sergio Krupatini, Loreto Rubio, Joan Quintana y Lluis González de Rivera

Tras algo menos de un año los textos del libro estaban terminados. Tal vez te parezca mucho tiempo, pero hubo mucha tarea que hacer aparte de escribir el libro: tuvimos que conocernos, organizarnos, relacionarnos y habituarnos a trabajar codo con codo. 

Otra vez el virus

En todos los relatos, el protagonista mantiene diversas peleas con su antagonista. Eso es lo que genera tensión narrativa. Así que vuelvo a hablarte del virus. Cuando el confinamiento fue ordenado oficialmente en España, a mediados de marzo de 2020, muchos profesionales de la consultoría vimos cómo nuestros proyectos se aplazaban o se perdían y cómo, de golpe, nos veíamos impedidos para salir a la calle para ofrecer nuestros servicios. 

Es más, muchos de nuestros clientes pasaron a tener problemas serios y ya no tenían tiempo ni siquiera de recibir nuestras llamadas. Ante esa situación, la presentación pública de la guía práctica del Valor Total fue aplazada indefinidamente.

Aquello pudo ser dramático y, de hecho, lo fue para muchas personas. Pero los 25 consultores habíamos aprendido a trabajar juntos y comenzamos a encontrarnos en videoconferencias de tarde y noche. Muchos aprendimos a utilizar Zoom y otros medios gracias a esos encuentros y a los consejos que nos dábamos.

Durante lo peor de la pandemia, pasamos largas horas intercambiando conocimientos. Cada uno presentó lo que sabía hacer ante los otros. Cada uno aprendió nuevas técnicas de los demás. Tejimos, también, nuevas posibles alianzas que, con el tiempo, dieron lugar a colaboraciones profesionales. En mayo decidimos crear una red experta, la Red de Consultores Totales, que está ya activa y abierta a nuevos profesionales de todas partes del mundo. 

En aquellas semanas quizás no logramos nuestros respectivos objetivos de facturación (valor económico), pero sí generamos mucho valor relacional (nos hicimos amigos y, en cierto modo, socios) y desarrollamos mucha capacidad de adaptación individual y grupal.

El desenlace

El libro “Total Value Management: Guía para transformar tu empresa fue publicado por Profit Editorial el mes pasado. Está perfectamente ilustrado y presenta nada menos que 20 herramientas prácticas repartidas en 13 capítulos. Tiene también un capítulo de casos prácticos que muestra los beneficios de utilizar el método. Si Dios quiere y el virus no lo impide, se presentará en un evento público (presencial o virtual, ya veremos) antes de terminar este 2020.

Adicionalmente, la Red de Consultores Totales ha arrancado un nuevo estudio empírico, sin duda más ambicioso que el primero. Bajo el título de “Total Value Index 2020” se encuentra en fase de proceso de datos, tras haber recopilado opiniones de cerca de 450 ejecutivos y profesionales de países diversos. Los resultados serán sorprendentes. Mostrarán, por ejemplo, que las organizaciones que ganan mucho dinero pero tratan mal a sus empleados merecen ser denominadas “depredadoras”. Y que las que tratan bien al personal, pero pierden dinero, son “ineficientes”. Y hay empresas “moribundas” que ni dan dinero, ni tratan bien a las personas. Todas ellas están en riesgo de desaparecer, si no cambian de conducta.

Ahora bien, las organizaciones que tratan bien a la gente, que se orientan por objetivos de rentabilidad y que dedican el suficiente tiempo a aprender a adaptarse, merecen ser consideradas “Empresas Totales”. Esas organizaciones prevalecerán al virus. Lograrán reencontrar su equilibrio tras el factor detonante.  

Las lecciones

Imagen: Nils Stahl vía Unsplash

Hace poco leí una frase brillante: “Cada crisis tiene tres cosas: una solución, una fecha de caducidad y un aprendizaje”. Con toda convicción personal, esta vez te recomiendo que hagas lo posible para que tu empresa se preocupe por tratar bien a las personas y a los clientes. Haz lo necesario para que tu organización sepa adaptarse a los cambios y, en cuanto te sea posible, lánzate a por la rentabilidad económica.

Si quieres una buena historia de cómo hacerlo posible, te remito al libro Total Value Management y a los informes que próximamente irá publicando la Red de Consultores Totales. Pero reconocerás que este relato es tan bonito que, puesto en manos de un guionista de Hollywood, daría para una buena película. 

Lo mejor del caso es que es una historia real.

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