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Cómo convertir a los empleados iracundos y tristes en colaboradores felices

En las empresas es necesario un trabajo emocional, una gestión adecuada para reconducir los sentimientos negativos a positivos.
Cómo convertir a los empleados iracundos y tristes en colaboradores felices
Crédito: Depositphotos

Por Mariana Martínez Barbachano

Socia Directora de Creando Talento

El racionalismo marcó una etapa de la humanidad y durante mucho tiempo rigió los sistemas educativos, sociales y políticos. Fue una etapa del humanismo donde la razón aplastaba todo, incluso anulaba o más bien desafiaba la dimensión emocional de las personas.

El mundo corporativo que hemos conocido hasta ahora tiene esta influencia, donde vales por lo que piensas y haces. Todos vamos al trabajo con cara de pocos amigos, con cara de tiburón de negocios, ya que existe la creencia de que en la medida de que me vean formal creerán que mi capacidad es superior y mi nivel de compromiso es sumamente alto. Todo como una apariencia perfecta. Dejando a lado por supuesto mi mundo emocional.

Hoy en día esta tendencia está cambiando, el mundo poco a poco se está dando cuenta que la dimensión emocional es una gran herramienta que tiene el ser humano y que se debe impulsar en el mundo empresarial. El neurólogo canadiense Donald Calne apuntó que “la diferencia esencial entre emoción y razón es que la emoción lleva a la acción, mientras la razón lleva a conclusiones”. La emoción es una predisposición a la acción.

De hecho, la palabra emoción viene del latín emovere, es decir: “lo que me mueve”, “lo que me pone en acción”. El aprendizaje emocional tiene que ver con la posibilidad de adecuarnos rápidamente a los cambios que se producen en el entorno.

Llevando esta premisa al mundo empresarial, nos damos cuenta de que cientos de empresas viven en un estado emocional de miedo, de ira, de tristeza o simplemente de “divorcio psicológico”, en el que van a trabajar, pero no tienen pasión, ni compromiso. Evadiendo silenciosamente la situación.

Es necesario un trabajo emocional, una gestión emocional para reconducir las emociones negativas a positivas, por decirles de algún modo.

Hablemos ahora del ciclo de las emociones

El miedo: Es la primera reacción a una falta de recursos para poder abordar una situación. Los cambios provocan miedo e incertidumbre. Si el miedo no se resuelve se desata la ira.

La ira: Es la emoción asociada con el juicio de la injusticia. Cuando una persona está invadida de ira, su nivel de productividad es bajo, su creatividad está totalmente apagada, ya que toda su energía está concentrada en aquello que le parece injusto.

La tristeza: Esta aparece cuando nos damos cuenta de que no podemos hacer nada al respecto sobre una situación y nos resignamos. La resignación es un estado de ánimo, donde la persona no ve la posibilidad de salir de una determinada situación que le afecta. La persona resignada está atrapada.

La alegría: Es la emoción de la celebración, del éxito. Esta emoción nos lleva al rendimiento más alto. De aquí sale la innovación, la superación, la colaboración y la disponibilidad.

Es por esto que se debe buscar la transformación del miedo, la ira y la tristeza en alegría. Seguramente nos surgirá la pregunta ¿Cómo mover el estado emocional de mi empresa? Empecemos:

Del miedo a la alegría

Para poder mover al colaborador del miedo a la alegría es necesario ofrecer certezas. Las cosas van a ser así y así. Se recomienda comunicar la estrategia, guiar, monitorear y retroalimentar.

De la ira a la alegría

Aunque parezca absurdo, hay que subir el tono en la comunicación para conectar con la emoción que ellos están viviendo y poco a poco ir bajando para comunicar los planes establecidos y así moverse de emoción.

De la tristeza a la alegría

La tristeza es compañera indispensable de los procesos de aprendizaje. Desde ahí se puede conectar con la promesa del cambio. Cuando la persona en estado de ánimo de resentimiento acepta que es posible aquello que antes no veía posible entra en un estado de ánimo de entusiasmo.

El colaborador debe ser apelado a que el escoja el estado de ánimo que quiere vivir. Recordándole que en el trabajo pasa más del 80% de su tiempo. El factor diferencial es “la capacidad de hacer conexión.” Esta capacidad es la esencia de la cultura de servicio.

El cambio viene del tomador de decisión, el cual se debe preguntar el personalmente en qué estado de ánimo se mueve y decidir moverse y mover a su empresa.

El verdadero líder es el que escucha y pone nombre al estado de ánimo en el que está y se abre al cambio emocional de su empresa.